Teatro-documental: otra forma de denuncia social

Humberto Robles1

humberto.robles@gmail.com

Algunos fragmentos de este texto pertenecen a la conferencia “Teatro Documental” en la mesa: Las fronteras formales del teatro, durante el Encuentro Binacional de Dramaturgos, Tijuana, 2009.

El llamado teatro-documental no es un género teatral propiamente dicho, sino una variante de la dramaturgia, una mezcla de propuestas teatrales con el periodismo, los testimonios y otros recursos que se basan en hechos verdaderos.

Las cuestiones sociales, principalmente el movimiento del 68 y, en específico, la matanza de estudiantes en Tlatelolco, fueron tema de varias obras de teatro escritas por autores como Jesús González Dávila, Pilar Campesino, Emilio Carballido, Adam Guevara, Juan Tovar, José J. Vázquez, Flavio González Mello y Wilebaldo López, entre otros.

Recientemente, en 2009, el actor y periodista Javier Bustillos Zamorano incursionó en la dramaturgia con el libro Teatro Clandestino, en el que analiza, en forma teatral, los casos de doña Ernestina Ascencio, anciana nahua violada y asesinada por soldados, y del ex guerrillero Jacobo Silva Nogales, actualmente preso en un penal de Nayarit.

El tema del femicidio, que se viene cometiendo desde hace más de 17 años en Ciudad Juárez, y que ha cobrado la vida de más de 600 niñas y mujeres secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas; además de un saldo de aproximadamente 700 desaparecidas, no ha pasado inadvertido para autores teatrales como Antonio Zúñiga, Alan Aguilar, Norma Barroso y Víctor Hugo Rascón Banda, entre otros, quienes han escrito obras sobre estos crímenes de lesa humanidad. Parece que estos dramaturgos han creído en aquello que Rodolfo Usigli expresó en una frase célebre: “Un pueblo sin teatro es un pueblo sin conciencia”.

Por mi parte, en 2001, gracias a la actriz Vanessa Bauche, establecí contacto con varios integrantes de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, una organización de familiares y amigos de víctimas del femicidio en Ciudad Juárez. Como una forma de colaborar, lo primero que hice fue realizar una página web de la organización. De esta forma comenzaron a llegarme testimonios, poemas, artículos de prensa y demás información para nutrir esta página. Fue entonces cuando me di cuenta de que el sitio web era útil, pero que podía hacer más. Y fue gracias a todos estos materiales, aunados al dolor, la rabia y la impotencia, que me decidí a escribir la obra de teatro-documental Mujeres de Arena – Testimonios de mujeres en Ciudad Juárez.2

Esta obra cuenta con cuatro testimonios reales: el de una madre, el de una hermana, una prima y el diario de una de las víctimas; todo esto intercalado con datos e información sobre el femicidio, así como poemas o textos de diversos autores como Antonio Cerezo Contreras; la politóloga Denise Dresser; Malú García Andrade (cuya hermana Lilia Alejandra fue asesinada en Ciudad Juárez en 2001); la escritora María Hope; la catedrática de la Universidad de Virginia, Eugenia Muñoz; Marisela Ortiz, co-presidenta de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, y del actor, director y escritor, Juan Ríos Cantú.

Mujeres de Arena se estrenó en el Zócalo capitalino el 25 de noviembre de 2002, Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres y las Niñas. Desde entonces a la fecha, esta obra ha sido montada por más de 40 grupos profesionales y amateurs en la Ciudad de México y en muchas otras ciudades del país, así como en Argentina, Canadá, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Guatemala, España, Italia, Uruguay y varias ciudades de Estados Unidos. Se ha transmitido dos veces por radio, en Guadalajara y en Uruguay. Este año se estrena en Nueva York y en Grecia. Por otro lado, en 2009, la editorial Los Textos de la Capilla -Segunda Época-, encabezada por Boris Schoemann, accedió a publicar esta obra, con el acuerdo de que las ganancias obtenidas por las ventas fueran destinadas íntegramente a Nuestras Hijas de Regreso a Casa y al Comité Cerezo.

Yo he sido el primer sorprendido al ver el impacto que ha producido esta obra, así como la forma en la que se ha multiplicado por diversos rincones del planeta. Debo reconocer que nunca creí que ésta fuera a ser mi obra más representada hasta el momento ni que superara a las que podrían considerarse más “comerciales”; es curioso que un tema aparentemente local se haya internacionalizado tanto. Me parece que este éxito se debe, en parte, a que desde un principio subí el texto a internet con el fin de que cualquiera pudiera descargarlo gratuitamente y montar la obra, siempre y cuando conservara íntegramente los textos y dé los créditos correspondientes; una suerte de copyleft teatral.

Por otra parte, la sensibilidad y solidaridad de todos los autores, ha permitido que ninguno de ellos cobre derechos autorales por las representaciones de esta obra. Tampoco obtenemos ganancias por las ventas del libro, ya que las hemos donado a las dos organizaciones de derechos humanos que he mencionado.

Durante la presentación del libro Mujeres de Arena en la Casa Lamm, Boris Schoemann recordaba el día en que le pedí sólo unas cuantas funciones para llevar esta obra al Teatro La Capilla, sorpresivamente, al final terminamos quedándonos en cartelera por más de tres meses con el teatro lleno. De ahí, estuvimos un año representándola en espacios muy diversos: desde preparatorias, hasta plazas como la de Coyoacán, así como en festivales de resistencia y otro tipo de lugares alternativos. Reproduzco lo que dijo Boris durante la presentación del libro: “Cuando un dramaturgo habla de los verdaderos problemas de la gente, los teatros se llenan y el público responde […] como lo demuestra el hecho de que esta obra se ha representado en México, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos”.

Esto se debe a que, desde siempre, el teatro ha sido un medio sumamente eficaz y contundente para mostrar nuestra realidad y causar un mayor impacto en el público. La gente suele ver los periódicos o los noticieros y enterarse de que, por ejemplo, durante 2009 fueron asesinadas 140 mujeres en Ciudad Juárez; eso es una fría estadística, un número más en la enorme lista de crímenes que se cometen a diario en nuestro país. Considero que a través del teatro se puede lograr sensibilizar y concientizar al espectador. Un testimonio real o un diálogo veraz sobre estos hechos, generalmente, provocan más emociones que un artículo periodístico.

Así pues, la evidencia derrumba los argumentos que se empeñan en propagar las grandes compañías privadas, las cuales se dedican a maquilar teatro y desdeñan o ignoran por completo a los autores nacionales. El público no sólo quiere ver comedias musicales importadas de Broadway o Londres, ajenas a nuestra realidad e idiosincrasia; no espera evadirse de su realidad con obras insulsas e intrascendentes como las que abundan en nuestra cartelera teatral; no está ávido de ver a personajillos efímeros de la televisión llevados al escenario; no busca la risa fácil, ni los desnudos gratuitos, ni una obra repleta de albures, morcillas o chistes vulgares. Hay un público que asiste y paga su boleto para ver una obra que dista mucho de ser “divertida”, todo lo contrario: refleja la cruel y cruda realidad en la que vivimos. Las obras que hablan de los verdaderos problemas que nos aquejan también pueden ser un éxito de público y de críticas.

Es por eso que me pregunto, ¿qué ha pasado con mis compañeros dramaturgos que se han entregado a escribir, en general, solamente obras que hablan del individuo o las relaciones de pareja, temas recurrentes de nuestro teatro? Hemos abordado muchos temas en nuestros textos, pero, curiosamente, hemos dejado a un lado la temática social, de denuncia, de resistencia, de rebeldía, de inconformidad. No es que ésta sea la única vertiente del teatro o que todos los dramaturgos deban escribir sobre esto, lo sorprendente es lo contrario, que casi nadie escriba sobre ello, como si la indiferencia y la insensibilidad nos gobernasen.

Desgraciadamente, temas relevantes y dramáticos sobran; los asesinatos de la abogada Digna Ochoa y Plácido, el del joven estudiante Pável González, el del periodista independiente Brad Will, el de las periodistas triquis de la radio comunitaria La voz que rompe el silencio…, o las masacres de Acteal, Aguas Bancas, El Charco, El Bosque…, o la brutal represión y sus consecuencias en San Salvador Atenco…, o el caso de la periodista Lydia Cacho…, o la rebelión popular de Oaxaca…, o los cientos de casos documentados de mujeres indígenas violadas por militares…, o las tragedias de la mina de Pasta de Conchos o de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora… Éstos sólo son algunos ejemplos de la trágica historia reciente de nuestro país. En esta materia, el cine y los guionistas se han ocupado mucho más que nosotros, los dramaturgos, en afrontar temas reales, actuales y de denuncia.

En lo personal, concuerdo totalmente con lo que el autor Javier Bustillos Zamorano expresó en una entrevista:

En el teatro mexicano se aborda cualquier tema, menos la realidad más apremiante y dolorosa. Salvo algunas excepciones, en los foros sigue ausente la reflexión o la denuncia sobre los agravios que todos los días lastiman al país. […] Es increíble [deplora el autor] cómo el México real sigue ausente de los escenarios, cómo los dramaturgos y los actores siguen en una burbuja que los aleja de la realidad. El país se está cayendo a pedazos, y con algunas excepciones, como Jesusa Rodríguez y Humberto Robles, entre otros, los demás siguen en su fantasía.” (Camacho Servín, 3 septiembre de 2009: s/p)

Sé que ni esta obra ni ninguna otra cambiarán la realidad que se vive en Ciudad Juárez ni en el resto de México, tampoco frenarán ni erradicarán la violencia de género, ni el femicidio que se extiende alarmantemente a otros lugares del país; sería ambicioso y soberbio creerlo. Lo que sí sé es que estas obras logran crear conciencia y sensibilizar a la gente. Como prueba de ello, Nuestras Hijas de Regreso a Casa me informa cotidianamente que reciben muchos mails de apoyo y palabras de consuelo para su causa, motivados después de ver una de las funciones de esta obra. Ese es nuestro aporte, un granito de arena para denunciar e informar sobre los más de 17 años de asesinatos de niñas y mujeres, y sobre la más absoluta impunidad. Ésta es una de las satisfacciones que puede darnos una obra de este tipo, hacer que un texto se convierta en herramienta de combate y solidaridad, y que promueva una acción útil y directa. Dejar de ser testigos o cronistas, para volvernos partícipes.

Así que, para concluir, les hago varias preguntas a mis compañeros dramaturgos: ¿dónde está el teatro de emergencia, el que reclama la urgencia de llevar estos temas a escena? ¿Dónde están los autores comprometidos en dejar testimonio teatral de estos lamentables sucesos que deberían dolernos e indignarnos a todos? ¿Quién va a dejar una constancia dramatúrgica de la tan injusta, sangrienta y oscura noche por la que atraviesa México? ¿O será que, con nuestro silencio y ceguera, vamos a convertirnos en cómplices del Estado, por omisión e insensibilidad, al dejar de escribir sobre estos crímenes? ¿Acaso estos casos no nos parecen importantes ni dignos de ser dramatizados? ¿Vamos a hacer lo que pretende el Estado: ignorar y permitir que caigan en el olvido y la impunidad estos casos? ¿Qué es lo que estamos esperando para comprometernos con nuestra sociedad, con los que luchan y resisten día con día, así como con los que murieron injustamente? ¿Acaso las becas gubernamentales son una mordaza para escribir sobre estos temas? ¿O es que cuando se presenta un proyecto de esta naturaleza, el sistema de becas lo censura, no brindando apoyo a obras con estas temáticas? Quedan las preguntas en el aire.

Para finalizar, comparto un fragmento del poema de Juan Ríos Cantú, titulado ¿Hay un dios cerca de Juárez?, incluido en la obra de teatro Mujeres de Arena, el cual hace énfasis en la importancia vital de la palabra:

Juárez, que se alce tu voz hasta curarle a la justicia la sordera.

Que se alce también tu razón y tu cordura,

Que te regrese la calma.

Juárez, mi más sentido pésame.

Si mis manos no hacen nada

que lo haga mi palabra… (Ríos Cantú en Robles, 2009: p. 36)

Bibliografía

Camacho Servín, Fernando (3 de septiembre de 2009), “Deplora autor la ausencia del México real en los escenarios, cuando el país se cae a pedazos”, La Jornada, consultada en 27 de diciembre del 2009 en: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/03/index.php?section=cultura&article=a04n2cul

Ríos Cantú, (2009) “¿Hay un dios cerca de Juárez?” en Mujeres de Arena, Humberto Robles, Los textos de la capilla, dramaturgia mexicana, núm. 7, pp. 33-36.

1 http://roblesteatroblogspot.com y http://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Robles

2 Blog: http://mujeresdearenateatro.blogspot.com