Editorial
Inicia la cuenta regresiva en el panorama electoral, cada día que pasa nos da nuevos elementos para el análisis y para responder la pregunta del millón, ¿quién gobernará México los próximos 6 años?
Desde nuestro punto de vista sólo hay dos candidatos que se disputarán no sólo la presidencia, sino la implementación de un proyecto de nación capitalista distinto: por un lado tenemos a Enrique Peña Nieto, representante de la política neoliberal y, por tanto, de la continuidad de la política norteamericana de la “Guerra contra el narcotráfico” y, por el otro, a Andrés Manuel López Obrador, quien intentará dar marcha atrás a algunos aspectos de la política neoliberla e implementar un Estado de bienestar capitalista.
El descontento social generado por la política Calderonista (con sus saldos de horror a causa de la “Guerra contra el pueblo”) necesita una fuga, una “válvula de escape” ante el descontento y la presión social y política que se está acumulando, misma en la que convergen tanto el descontento de la parte de la burguesía excluida de las ganancias del neoliberalismo; es decir, los empresarios que ya no pueden competir contra las grandes trasnacionales, como el descontento de la clase pequeñoburguesa que se ve arrojada a la pobreza, y cuyo nivel de vida se ha deteriorado ostensiblemente en los últimos años y el descontento del pueblo llano que sigue su marcha inexorable a la miseria.
La suma de estos descontentos es la que está presente y está generando una alianza a través del movimiento de AMLO y su proyecto más o menos antineoliberal, un proyecto capitalista de Estado de bienestar que le permitiría a la capa de empresarios sobre vivir ante el empuje voraz de las grandes trasnacionales del neoliberalismo con las que ya no puede competir. La necesidad de sobre vivir ha empujado a los empresarios a una alianza con AMLO. Por su parte, la clase pequeñoburguesa desea con todo su corazón, y principalmente su bolsillo, alejar al fantasma de la pauperización a la que la ha arrojado la política neoliberal del priísmo (que se continua en el panismo), y por ello su expresión toma formas insospechadas y creativas, como en el caso del origen del movimiento #AntiEPN y #YoSoy132 a los que se han sumado muchas personas descontentas.
Ante este complejo escenario habría que preguntarse ¿qué le conviene más a los intereses del capitalismo neoliberal: la continuidad de su política a través de EPN o la válvula de escape que representa AMLO?
Si apuesta por la continuidad del neoliberalismo, deberá remontar el creciente movimiento #AntiEPN con marchas masivas en contra de AMLO, mantener y afinar la maquinaria del fraude que está en marcha, lo que implica afinar el fraude electrónico, alimentar el bombardeo de mentiras a través de su estructura mediática, preparar la compra de votos con vales de cadenas comerciales afines, y, principalmente, ejercer el control mediante el terror (por medio de paramilitares y narcos) en contra de la oposición, para preparar las condiciones, sin importar el costo que éstas impliquen (incluso mediante un Estado terrorista), para el posterior aplastamiento del movimiento social que se manifieste contra el fraude.
La apuesta por el Estado de bienestar, implicaría frenar el ritmo actual de la acumulación capitalista en México, por lo que el neoliberalismo tendría que apuntalar una política económica que genere un nuevo “Milagro mexicano”, un periodo, como el de los años sesentas y setentas, de relativa estabilidad política y crecimiento económico que permita mediatizar el descontento social. Esta salida evitaría un Estado terrorista y la continuidad de la sangría actual, ya que se usaría, fundamentalmente la represión selectiva. Este Estado de bienestar sería la arena política donde el movimiento social que empuja a la izquierda y la base mediatizada del Estado y sus acompañantes burgueses y pequeñoburgueses que empujan a la derecha se enfrentarían nuevamente a través de la movilización social.
Para cerrar, tenemos también que mencionar que no mencionamos a la izquierda antielectoral en este análisis debido a que, en su conjunto, no ha podido esbozar un proyecto de nación que como tercera opción le permitiría aglutinar el descontento social, de hecho, ante los dos proyectos de nación capitalistas de diferente tipo que se están enfrentando en este momento en la arena electoral, no logran ver que el asunto central no es escoger al menos malo, sino en frenar la construcción del Estado terrorista, lamentablemente sólo atinan a decir qué no quieren, pero no han logrado determinar, en conjunto, qué es lo que sí quieren, mencionar o darle, por lo menos, un nombre a un proyecto de nación diferente, no capitalista y a las maneras en que piensan construirlo.
